martes, 17 de julio de 2012

Invertir para una mejor vida


¿Qué necesitamos saber para invertir en una mejor vida?

Lo más importante es estar claro que no sabemos hasta cuando tendremos la buena fortuna de vivir, y también muy importante, hasta cuando esa vida puede ser agradable.

Por ello, bajo la premisa del desconocimiento de cuando dejaremos de existir, salta de inmediato la necesidad de disfrutar la vida al máximo mientras sea posible; aseveración con la que estoy de acuerdo, pero haciendo la salvedad que este “disfrutar al máximo” no implica o quiere decir “con excesos”, sino “felizmente”.

La “gran familia” es uno de los principales entornos de este disfrute, sin menoscabar por supuesto la satisfacción personal y el vínculo más importante de todos que es la de la “pequeña familia” (pareja e hijos).

Por otro lado hay que ser inteligente y procurar llevar una vida sana que permita maximizar el tiempo en vida y la felicidad de ese tiempo. De igual forma hay que ser precavido y no arriesgar innecesariamente la calidad del futuro, por efímeros momentos de euforia o incluso actos de estupidez, como podrían ser actividades extremas, transitar por zonas peligrosas, descuidar la salud, etc.

El complemento mundano y comercial de la inversión requerida para una mejor vida es un seguro médico, y podríamos incluir también un seguro de vida. Pienso que este punto es claro, y no estoy “descubriendo el agua tibia”.

¿Pero es posible una mejor vida solo?, o mejor dicho, ¿es posible ser feliz mientras nuestro entorno cercano no es feliz?, ¿es posible tener una buena vida como un individuo y una mala vida en comunidad?. En mi opinión, no es posible. 

"La felicidad no está únicamente dentro de cada quien, la verdadera felicidad es colectiva. Es el arte de hacer feliz, mientras lucho por ser feliz.". LFJ

Para lograr esta mejor vida, no hacen falta complementos comerciales, materiales o terrenales, se necesitan complementos espirituales, que están a la mano y sin ningún costo!!. Podemos contar en todo momento con Dios, con la guía de la iglesia de cada quien, con el calor y el consejo de un familiar o amigo, y además tenemos nuestros propios valores, que si están centrados en la honradez y la humildad, nos permitirán una vida fructífera, rodearnos de gente buena y “convertir” a nuestro prójimo.

No son las posesiones las que nos hacen felices, sino con quien las compartimos. De hecho para compartir no hacen falta posesiones.

Por otro lado, no todas las posesiones son compartibles, pero estoy de acuerdo que aquellas posesiones que incentiven compartir son, sin duda, una buena inversión.

lunes, 9 de julio de 2012

El poder del silencio


El silencio por si solo podría interpretarse como la ausencia de ruido, y realmente me agrada esa definición. Nada mejor para concentrarse que un pulcro silencio. Hago la salvedad, que pulcro no quiere decir absoluto, sino natural, hablo de un silencio que puede ser atenuado por el fragor de la naturaleza, e incluso relajando un poco más la definición, por una dulce voz.

Hace un tiempo aprendí a valorar la importancia del silencio como respuesta, me tomó un poco de tiempo entenderlo, pero noté muchas veces, que es la respuesta correcta. Esto complementó mi aprendizaje sobre el silencio, porque ya había descubierto su utilidad en el aspecto educativo o de “manual de Carreño”, en no incomodar con preguntas desatinadas.

He leído igualmente sobre el silencio, y he descubierto que hay quienes lo defienden en todas las escalas, desde los comunicadores excesivos, pasando por los seguidores de San Benito que defenestran la conversación innecesaria, hasta los rigurosos votos de silencio de los monjes católicos y budistas.

Ahora, hay otros silencios, los “malos silencios”. Esto los calificaría como nefastos, soberbios, incluso infames. Me refiero al silencio injusto, al silencio por conveniencia y al silencio desentendido.

El silencio injusto no merece mayor explicación, es el aplicado por las personas soberbias, que consideran que con él están haciendo daño. Podría interpretarse como una respuesta natural al resentimiento, a la necesidad de conflicto o simplemente a la falta de un espíritu sano, es decir, a no profesar con los principios básicos de “ser bueno y honrado”, que deberíamos tener como seres humanos.

El silencio por conveniencia es peor, en este caso, ya sea por lucro o algún tipo de beneficio, se promueven, se guarda silencio o se aceptan situaciones que en principio no compartimos, o para facilitar el entendimiento de la definición, “se promueven, aceptan o convalidan acciones que no quisiéramos para nuestros hijos”. El silencio por conveniencia es muy común en las personalidades del mundo político, y en general en los seres humanos que carecen de principios y valores. Nada más cerremos el círculo en la política Venezolana, y entenderemos los dobles discursos basados en el soporte de una causa vacía, principalmente por dádivas económicas, que van desde unos cuantos dólares, hasta los millones de dólares que han robado, conocidos y no tan conocidos personajes ligados a la política en Venezuela.

De este tipo de silencios, tengo casos cercanos, en los que incluso “supuestos” antichavistas, plantean, intentan y proponen actos de corrupción para obtener un beneficio monetario personal, en detrimento de la decencia y los más básicos principios de los 10 mandamientos.

Finalmente nos queda el silencio desentendido, pienso que no se comprende bien a que me refiero y quizás deba darle una mejor acepción. Me refiero al silencio “Pilatos”, al de lavarse las manos, al de “voltear para otro lado” ante alguna injusticia, ante alguna necesidad, ante la pobreza, ante la enfermedad. Este silencio, en mi opinión es el más practicado por el ser humano, y resalto la palabra practicado, porque definitivamente lo hay en todos los niveles de experticia, desde los fascistas que desearían exterminar a todo aquel “indeseable”, hasta supuestos filántropos que en realidad están pendientes de ahorrar impuestos.

Como siempre he dicho, la idea de mi blog es generar pensamientos positivos, pero antes de eso necesito lograr generar pensamientos reflexivos, y es por ello que trato en mis temas de abarcar todas las escalas o grados de libertad existentes.

Llevémonos algo bueno de este texto, y empecemos a valorar el “buen” silencio y a denunciar y hacer algo en contra de los “malos” silencios.