¿Qué
necesitamos saber para invertir en una mejor vida?
Lo
más importante es estar claro que no sabemos hasta cuando tendremos la buena
fortuna de vivir, y también muy importante, hasta cuando esa vida puede ser
agradable.
Por
ello, bajo la premisa del desconocimiento de cuando dejaremos de existir, salta
de inmediato la necesidad de disfrutar la vida al máximo mientras sea posible; aseveración con la que estoy de acuerdo, pero haciendo la salvedad que este “disfrutar
al máximo” no implica o quiere decir “con excesos”, sino “felizmente”.
La
“gran familia” es uno de los principales entornos de este disfrute, sin menoscabar
por supuesto la satisfacción personal y el vínculo más importante de todos que es la de
la “pequeña familia” (pareja e hijos).
Por
otro lado hay que ser inteligente y procurar llevar una vida sana que permita
maximizar el tiempo en vida y la felicidad de ese tiempo. De igual forma hay
que ser precavido y no arriesgar innecesariamente la calidad del futuro, por
efímeros momentos de euforia o incluso actos de estupidez, como podrían ser
actividades extremas, transitar por zonas peligrosas, descuidar la salud, etc.
El
complemento mundano y comercial de la inversión requerida para una mejor vida
es un seguro médico, y podríamos incluir también un seguro de vida. Pienso que
este punto es claro, y no estoy “descubriendo el agua tibia”.
¿Pero
es posible una mejor vida solo?, o mejor dicho, ¿es posible ser feliz mientras
nuestro entorno cercano no es feliz?, ¿es posible tener una buena vida como un
individuo y una mala vida en comunidad?. En mi opinión, no es posible.
"La
felicidad no está únicamente dentro de cada quien, la verdadera felicidad es
colectiva. Es el arte de hacer feliz, mientras lucho por ser feliz.". LFJ
Para
lograr esta mejor vida, no hacen falta complementos comerciales, materiales o
terrenales, se necesitan complementos espirituales, que están a la mano y sin
ningún costo!!. Podemos contar en todo momento con Dios, con la guía de la
iglesia de cada quien, con el calor y el consejo de un familiar o amigo, y
además tenemos nuestros propios valores, que si están centrados en la honradez
y la humildad, nos permitirán una vida fructífera, rodearnos de gente buena y
“convertir” a nuestro prójimo.
No
son las posesiones las que nos hacen felices, sino con quien las compartimos.
De hecho para compartir no hacen falta posesiones.
Por
otro lado, no todas las posesiones son compartibles, pero estoy de acuerdo que aquellas
posesiones que incentiven compartir son, sin duda, una buena inversión.
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